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domingo, 10 de noviembre de 2024

Reseña de ¿Estás ahí? Reflexiones cotidianas sobre un Dios escondido, de Clara Plesniak

 ¿Estás ahí?

Autora: María Clara Plesniak

Libro autoconclusivo

Sinopsis: Si Dios está en todos lados… ¿Cómo podemos pasar la vida entera sin notarlo?
¿Vale la pena buscar a Dios?
Si quisiera que lo encontremos… ¿por qué se esconde?
¿Será cierto que algunos sí lo encuentran?
¿Cómo buscar a un Dios que no puedo ver, no puedo escuchar, ni tocar?
Si las respuestas no están fuera, tal vez y sólo tal vez, me esperen dentro.
“¿Estás ahí?” es una invitación a buscarlas.
En un mundo tan lleno de ruido este libro se transforma en una puerta al silencio.
Página a página, cada reflexión se presenta al lector como un disparador para emprender ese camino. Para escucharnos a nosotros mismos, y buscar a Dios, buscando primero en nosotros.


Reseña

Este libro lo escribió una amiga mía, Clari, con quien compartimos un trabajo. Llegó a mí en un momento en el que estoy cuestionándome cosas relacionadas a la religión, a Dios, a creer en Dios, etc., con lo cual podría decirse que llegó justo.

Si estás en un momento similar, te recomiendo encarecidamente que lo leas, que le des una oportunidad, porque es un libro que invita a la reflexión. En mi caso yo no tuve una crianza religiosa y las preguntas me llegaron de grande. Me parece un libro adecuado para esa situación y también si en tu caso estás repreguntándote sobre la religión. No me malinterpreten: creo que es aprovechable por cualquiera, pero entiendo que es particularmente beneficioso si te encontrás en alguno de esos escenarios.

El libro tiene un formato casi de poemario (son reflexiones cortitas) con un espacio en blanco debajo de cada una para anotar lo que uno piensa a raíz de ellas. Me dio la sensación de que el objetivo, además de movilizar algo, de hacer que te hagas alguna pregunta o ser un puntapié para alguna introspección, era generar espacios, en general. Espacios de charla entre nosotros, los lectores: traer el tema a la mesa, hacerlo partícipe de conversaciones cotidianas con gente que cotidianamente nos rodea.

Algo que concluí llevando un tiempo ya preguntándome cosas con respecto a mi creencia en Dios es que mucha gente no se lo ha cuestionado nunca. Tanto gente que, como yo, no tuvo educación religiosa, como gente que al contrario la ha tenido desde pequeña, se dejan llevar por la rueda de su pensamiento casi por inercia y no paran a preguntarse: ¿en qué creo? ¿Por qué creo en esto?

Me he encontrado con mucha gente que no es partícipe activa de su propia forma de pensar. Y no lo digo desde la crítica: cada realidad es tan compleja que evidentemente no soy yo quién para decir cuándo o cómo debe alguien pensar en este tema en particular. Pero sí me animo a aportar que está bueno frenar un poco a repensar ciertas actitudes, creencias. Frenar para repreguntar, para cuestionar. Para elegirlo.

Algo de eso encontré también en este libro: una invitación a no dejarse llevar por la inercia, sino encontrar a Dios en la cotidianeidad. No dejarse llevar por el ritual meramente por haberlo aprendido, sino encontrarle sentido y verdad en uno mismo.

Espero que, si lo leen, les aporte ese cachito de reflexión a ustedes también. Estaría encantado de leerlos, leerlas y leerles: ¿qué piensan ustedes de esto? ¿Creen en Dios? ¿Desde qué lugar?

Mi  puntuación:

10/10

sábado, 29 de junio de 2024

Reseña de No y mil veces no, de Nina Lykke

 No y mil veces no

Autora: Nina Lykke

Libro autoconclusivo

Sinopsis: Ingrid y Jan llevan veinticinco años casados y, sobre el papel, son baby boomers modélicos: empleo estable, hijos sanos, buenas amistades, sexo ocasional pero regular, una casa en un bonito barrio de Oslo. Viven como la sociedad les ha dicho que hay que vivir, cumplen su papel de contribuyentes a un «vago y huidizo producto interior bruto», pero no logran desembarazarse de un sentimiento de inercia y decepción. Sus hijos, que ya tienen edad para ser tratados como adultos, se comportan como huéspedes de hotel. Para Ingrid, tanto la vida doméstica como la profesión docente han perdido el brillo que un día tuvieron. Jan, en cambio, se siente revitalizado por su inesperado ascenso a jefe de departamento en un ministerio del gobierno y por su amorío con Hanne, una compañera de trabajo quince años más joven que ve cómo todos sus amigos empiezan a sentar cabeza mientras ella encadena mudanzas de piso y de pareja.


Resumen

Ingrid está casada con Jan desde hace 25 años, y está pasando en este momento por un arrollador período depresivo que la tiene desanimada y sin motivación real como para hacer su rutina. En medio de eso, lo que no imaginaba es que su marido estuviera teniendo un amorío.

Jan acaba de recibir un ascenso y está teniendo un amorío con una compañera de trabajo veinte años más joven, Hanne. Siente que la vida vuelve a su cuerpo. Se siente motivado y mucho más feliz que de costumbre, aunque al mismo tiempo no sabe qué lo motivó exactamente a esta relación extramarital, ya que no estaba sintiéndose mal en la relación.

Hanne, nuestra tercera protagonista, es una adulta de 35 años con una vida bastante más caótica que la que le gustaría y menos ordenada o asentada que la de sus allegados. No tiene ni quiere hijos pronto, cambia de pareja y de departamento bastante seguido y suele alejarse en cuanto se forma alguna profundidad. A su vez no se lleva particularmente bien con su familia y lo único más o menos estable en su vida es el trabajo.


Reseña

¡Una reseña más al blog!

Me acordé de la existencia de este libro haciendo el video de "Reaccionando a mis compras del año pasado". Llamó mi atención y decidí darle una oportunidad.

El libro me gustó. Encuentro alguna que otra pega, pero en términos generales lo disfruté y me gusta tanto la trama como la narración, la construcción de personajes y los temas que aborda.

Empecemos por lo bueno:

Los tres personajes son personas aparentemente bastante distintas entre sí, pero sus conflictos giran un poco en torno al mismo conflicto: ¿qué esperan la sociedad y el otro de mí? ¿Qué estoy dando yo? ¿Estoy conforme? ¿Quiero esto para mí?

Comenzamos con el punto de vista de Ingrid, que parece ser la que más alienada está del mundo que la rodea. No encuentra motivación. Un punto que destaco totalmente como positivo es que sentí que las emociones estaban muy bien descritas, me pareció fácil empatizar con el personaje pero sobre todo entender por qué estaba pasando. Además, la autora usa frases muy exactas para dar en la tecla de algunas sensaciones. Le puso un nuevo lenguaje a algunas cosas, al menos en mi caso.

Por otro lado, otra cosa que disfruté es la forma en la que las tres tramas terminan indagando en temas similares. No lo esperaba, y fue muy satisfactorio. Orgánico.

En general, la reflexión sobre lo que espera el otro sobre uno y sobre la sociedad noruega me pareció muy interesante. Creo que son tres personajes que expanden todo lo que yo podría haber percibido o haberme preguntado.

Pero no quiero dejar de remarcar que, además de que el final a nivel trama me pareció muy bueno, siento que la forma en la que la autora recoge algunos hilos y les da un cierre me pareció genial. Aportó muchísimo. Como les digo, se sintió muy orgánico, como que verdaderamente estaba leyendo una obra en su totalidad.

Por otro lado, el punto negativo que lamentablemente sí que tengo que destacar es que me hubiera gustado que tuviera más subdivisiones. Ya sea con más capítulos o con más momentos de interlineado en ellos, pero algo. Me pareció un poco excesivo que por ejemplo el primer capítulo durara aproximadamente 60 páginas.

Aún así el libro me pareció "seguible" y escrito en un registro accesible. Así que no es que me resultó pesado a pesar de tener tan poca subdivisión.

En fin, eso es todo. La verdad, disfruté mucho la novela.

Mi puntuación:

9/10

viernes, 7 de septiembre de 2018

Insta Love | Análisis aplicado

Instalove: ¿cómo afecta en la sociedad de hoy en día? ¿Afecta a las relaciones actuales?


El "instalove" es un fenómeno literario que tuvo mucho auge en la literatura juvenil romántica de hace un par de años (2014-2016/7, aproximadamente), aunque viene existiendo desde hace décadas y aún perdura en algunos escritos actuales. Básicamente, a lo que refiere este término es a un amor a primera vista, conciso e indudable: desde el primer momento todes (les protagonistas y les lectores) saben que eso es amor, que es verdadero y que va a terminar concretándose en algún momento de la trama, aunque a veces se les pongan complicaciones en el medio o negación por parte de les protagonistas que no quieren "ver la realidad innegable".
Tuvo su boom (cómo casi todos los tópicos juveniles en general) entre 2014 y 2017, al menos en español; esta literatura vendía y la romántica tenía muchos ejemplos de instalove por doquier.
Ahora, ¿alguna vez nos paramos a pensar en qué implica este tópico?
Es decir, sí, el chico y la chica (porque la literatura juvenil romántica suele ser heteronormativa, pero también aplica a los ejemplos de libros lgbtiq que incluyan instalove) se enamoran apenas se ven, dan indicios de que algo en esa otra persona es distinto a lo que vieron en el resto, que se sienten diferente, lo que sea: hay algo fuera de lo común; luego se desarrolla la narrativa y los personajes se van acercando cada vez más, normalmente con algo de conflictividad para desarrollar una relación por el hecho de que algune de les dos no quiere admitir que ama a le otre, u otras causas varias.
Pero pensemos bien el concepto: ¿qué estamos enseñando con esto? Todo el mundo sabe lo que va a pasar, e incluso nos enojamos si la (suele ser "la") protagonista da indicios de no querer quedarse con el (suele ser "el") protagonista, porque es obvio que están súper hechos para estar juntes. O sea, ¿qué? Más allá de que es imposible enamorarse a primera vista porque el enamoramiento sano pasa por un conocimiento de muchas cualidades de una persona que no se adquieren por los ojos, ¿desde cuándo una relación está predestinada y no podemos decir que no la queremos? ¿No suena esto un poco...cuanto menos intimidante? Resulta manipulador, creo yo.
Si lo aplicamos a otras situaciones cotidianas, encontramos que nunca es la respuesta a ninguna situación "estaba predestinado, no importa si parece que la otra persona/yo no quiere". Este pensamiento sólo fomenta cosas como el acoso, la violación, la manipulación, la cohersión, entre otras. No hay ninguna situación que "tenga que ser", no importa cuál sea el punto de la trama: si no querés que sea, no es.
Y es cierto que está planteado en los libros como algo que en realidad era un equívoco: la protagonista estaba equivocada sobre el mal carácter del protagonista, en realidad era súper tierno, o lo que sea...pero ¡no! ¿Cuántas veces vimos a la protagonista decir "en realidad esto no era lo que tenía pensado y me cabrea que haya salido así"? (aunque sea en otras palabras)
A veces la protagonista tiene "sentimientos encontrados", porque hay muchas actitudes del protagonista que no le gustan (porque sean tóxicas o por el motivo que sea), o no le atraen, pero tiene otras que sí, y esto perpetúa pensamientos como el de "va a cambiar" "si te cela te quiere" "sólo me pegó una vez" "se enoja y rompe cosas pero después me compra flores, así que está todo bien"...y ninguno de esos pensamientos es sano.
Bueno, eso, quería acercarles un poco de análisis sobre el instalove (que están invitades a seguir por privado o en un comentario o donde quieran).
Un abrazo <3

miércoles, 5 de septiembre de 2018

¿Disforia? | Hablemos un poco de género, de géneros no binarios, de estereotipos

Esta entrada no tiene que ver con libros, así que si es lo que estás buscando, no la leas. Es algo importante para mí y quería dejarlo plasmado en este blog.


¿Disforia?





Hola. Les vengo a contar un poco de una situación que vivo desde hace ya bastante tiempo, pero que se agudizó (y mucho) hace un mes/tres semanas, y a incluir una reflexión.
Concepto a tener en cuenta antes de empezar: expresión de género. Hace referencia a la expresión social del género, es decir, a la impresión social que deja el género de una persona. Por ejemplo, actualmente alguien es “más masculino” si tiene la voz grave.
Ahora sí, empecemos.
Hay algo en lo que creo que todes estamos de acuerdo: los estereotipos de belleza, los cánones, son un asco. Hacen que muchísimas personas tengan problemas con su cuerpo y se odien a sí mismas por no poder alcanzarlos, hacen mierda relaciones que deberían ser tan sanas como la de una persona con la comida, inventan complejos por doquier…
Ahora bien, estos son los problemas cisgénero con los cánones. O, mejor dicho, esto es respecto a los cánones cisgénero. Porque hay una parte que todavía no sale tanto a la luz de este gran problema y es: ¿qué hace la gente que no entra ni en un estereotipo ni en otro? Es decir: no es sólo que tiene celulitis, o que tiene estrías, o pesa tanto, o tiene las orejas de tal manera, o los cachetes de esta otra. No es que su pelo es así, o que no le entran estos pantalones. Es que, además, según la sociedad debería entrar en “el otro” estereotipo.
Voy a tratar de explicarme mejor. Una persona nace con genitales “femeninos”, y durante toda la vida le enseñan qué cosas tiene que hacer para verse bonita: cómo vestirse, cómo peinarse, cómo actuar, etc. Supongamos que esta persona de genitales “femeninos” es un chico. Es decir, es un chico trans. ¿Qué se hace con esto? Porque ahora empieza a aplicarle el estereotipo “masculino” (si es que se le reconoce su identidad). Pero, al mismo tiempo, no deja de aplicársele el femenino, porque esa persona sigue viendo feos su celulitis, su falta de cintura, sus piernas no tan estilizadas...tiene ese estereotipo en el cerebro. Pero ahora también se le suma que la gente, por ese cuerpo “femenino” que tiene no atinará a llamarlo por el pronombre que prefiere; van a decirle “ella”, indefectiblemente, si no cuando lo ven, al menos cuando escuchen su voz. Y esto lleva a este chico a decir: es que no parezco un chico. Y ahí está el problema de nuevo: ¿qué es parecer un chico?
En resumen: la gente le aplica sin pensarlo los estereotipos femeninos y eso lleva a aplicar los masculinos también (si este chico va a una fiesta con un top y un pantalón corto se criticarán las cosas que se le critica a una mujer por no seguir los estándares y además se lo tratará en femenino asumiendo su identidad de género, lo cual es apartarlo de su masculinidad por no seguir el estándar masculino).
Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto conmigo? Bueno, resulta que yo era declaradamente bigénero, pero la gente seguía tratándome en femenino, y normalmente eso no me generaba ningún problema serio, más que una leve molestia. Pero, tonto de mi, siempre decía que no pasaba nada y que como el género lo defino yo no importa cómo me vea la gente. Me vestía con la ropa que yo quería y que a mí me gustaba, y obviaba que la gente no me tratara con los pronombres con los que me sentía identificado ese día. Porque sí, soy bigénero (o esa es la palabra que encontré más adecuada), pero hay días en los que realmente me siento masculino, y puede que esos días quiera vestirme con tops y shorts y usar maquillaje, y eso no me hace menos masculino porque hay tantas masculinidades como personas de género masculino (parcial o totalmente) hay en el mundo. Yo vivo mi masculinidad y/o mi femineidad de la manera que me siento más cómodo, la que va más conmigo, la que me gusta, pero por culpa de un montón de estándares al respecto, de trabas, de restricciones, la gente no me va a ver como masculinidad si no “parezco” una, ni una femineidad si no “parezco” una.
Quiero ahora retomar un tema que dejé pendiente de hace dos párrafos. Puse entre comillas “femeninos” cuando hablaba de genitales. ¿Por qué lo hice? Porque me parece que ahí inicia el problema. Si tiene ovarios, vagina, útero, y cromosomas xx, es una mujer; si tiene pene, escroto, y cromosomas xy es un varón. Pero, ¿por qué? ¿Quién dijo eso? La genitalidad no define nada, no define que yo me perciba como una mujer o como un varón, entonces, ¿por qué deberíamos seguir perpetuando que hay genitales masculinos y femeninos, cuando en realidad los genitales no tienen género? No, no tengo genitalidad femenina, tengo cromosomas xx y eso hace que pueda gestar, y punto. No me hace más o menos masculino. Decir que sí lo hace implica asumir que un hombre trans jamás será “tan hombre” como un hombre cis, incluso aunque se hormone y se opere, pero esto no es así. Incluso entre la gente cis: que una mujer cis sea rubia no la hace más ni menos femineidad que una mujer morocha, porque sus respectivos pelos no representan su feminidad ni la definen. Bueno, exactamente eso: mis genitales no representan ni definen mi género, mi masculinidad ni mi femineidad, tampoco lo hace la ropa que me pongo ni mis gustos musicales o deportivos. Yo puedo, por ejemplo, sentirme más masculino un día porque me desperté y sentí mi voz más ronca. Y eso construye mi masculinidad: ese día me voy a expresar de la forma que yo considere masculina, y a lo largo de todos mis “días masculinos” voy a ir construyendo mi masculinidad que es sólo mía y sólo aplica a mí. Que yo me sienta más masculino porque tengo voz ronca no significa que otra persona no pueda sentirse más masculina por tener la voz aguda.
Y todo esto nos lleva a la pregunta más compleja de todas: ¿qué es, entonces, la “masculinidad” o la “feminidad”? ¿Por qué existen siquiera esas palabras? ¿No podemos simplemente tratarnos como personas, haciendo lo que nos plazca cada día, sin tener que asociarlo a un género?
Sí, podemos, pero hoy en día existen los géneros, y como tanto les gusta decir a algunas personas, lo personal es político; entonces si yo hago cualquier cosa lo estoy haciendo como mujer al mismo tiempo que lo estoy haciendo como yo, porque tengo pasado, tengo cosas inculcadas, tengo sociedad en mi esquema. Fui criada, no criado, justamente porque la sociedad dictaminó mi género desde un principio, y se me fueron abriendo determinadas puertas teniendo en cuenta mi género porque la sociedad lo considera relevante.
Entonces: sí, podés “siendo mujer” jugar al fútbol, pero si no empezamos a determinar que las femineidades y las masculinidades son individuales y autopercibidas y son un espejo personal de una construcción social, histórica y política, y las fragmentamos lo más posible, jamás vamos a lograr que termine por dejar de importar el género.
Cuando el mundo tenga asumido que no puede percibir a alguien como “él” o como “ella” sin preguntarle primero sus pronombres o qué pronombres prefiere, porque no hay una expresión de género más válida que otra, entonces habrá entendido que a fin de cuentas no era tan importante que fuera “él” o “ella”. Y ahí podremos hablar de que llegó la hora de que dejemos de hablar de géneros, de que llegó la hora de que neutralicemos el lenguaje, etc.
¿Cómo entra el feminismo en todo esto? ¿Es esta idea autopercibida del género una forma de desmembrar el feminismo y quitarle valor?
NO. Para nada. Es simplemente paralelo. Mientras hacemos trabajo de género, mientras empezamos a reconocer que no se puede asumir el género de una persona por cómo se viste, por cómo es su cuerpo, por cómo se llama, o lo que sea, tenemos que seguir luchando, porque la gente que nació en este sistema en el que quien tiene cromosomas xx es mujer fue oprimide por ello sigue sin tener equidad. El mundo sigue siendo patriarcal y machista y aquellas personas que nacieron con biología “femenina” fueron oprimidas, así que hay que acabar con esa opresión y hay que entender que sí, que yo puedo preferir los pronombres masculinos o los neutros, pero a fin de cuentas el patriarcado sigue oprimiéndome como mujer, porque me ve como tal. Porque el patriarcado está en el paso anterior, todavía no reconoce que existe la opresión hacia la mujer, entonces menos va a reconocer que existe la opresión hacia las personas de géneros que no son binarios. Porque a mi se me invisibiliza y oprime cuando se me llama con la “a” por mi aspecto, pero también se me oprime cuando se me grita por la calle, cuando se me deniega un trabajo por la posibilidad de embarazo, etc.
Entonces, para cerrar, les quiero proponer que empiecen a dejar de asumir el género de una persona, porque puede que hoy en día en el 99% de los casos acierten, pero si no lo hacen lastima y mucho (lloré todos los días durante dos semanas enteras porque me odiaba por querer vestirme de una manera y que la gente no me fuera a llamar por el pronombre que prefería, porque odiaba que me gustara mi cuerpo y aún así preferir los pronombres masculinos, porque me lastimaba muchísimo cada vez que yo me sentía muy masculino y la gente en la calle o cara a cara me trataba con la “a” y llegué a odiarla, porque todo esto hizo que pasara a ver mi cuerpo y odiarlo por no ser masculino, porque eso facilitaría las cosas; porque amo mi voz y adoro cantar pero durante dos semanas me planteé iniciar algún tratamiento que la agravara para que la gente dejara de asumir que soy una mujer).
Y también quiero recordarles que el feminismo hoy en día es importante y como colectivo femenino tenemos que unirnos.


Gracias por leer <3<3

sábado, 12 de agosto de 2017

TODAS, TODOS... ¿O TODES?

Hola, encuadernadores. Hoy vengo a comentarles una postura que estuve empezando a adoptar, y quiero comentarles por qué.
Como muches saben, últimamente surgió un movimiento feminista que busca la igualdad a nivel lenguaje, es decir, sacar el machismo de él lo más posible. ¿Cómo lograr eso? Bien, me parece que primero y principal hay que aclarar un punto importante.
Seguro hay muchísimes que piensen: "vamos, ¡eso no es machista! Es sólo que así es el español. Aparte, en ese caso el masculino se usa como inclusivo: femenino y masculino".
Te voy a decir por qué no es así. Si tuviésemos una visión muy descontectualizada del mundo actual y sus formas de comunicación, podría llegar a aceptar ese argumento, pero nunca hay que olvidarse del contexto y, menos que menos, del por qué. Es decir, de la historia. Porque, ¿te preguntaste alguna vez de dónde viene esto? ¿Por qué se usa el masculino para generalizar? ¿Por qué no el femenino? O, mejor todavía, ¿por qué no depende del número? Si hay más mujeres, que sea todas, y si hay más hombres, todos. Primero y principal, el lenguaje es una manera de estructurar la comunicación, y debería resultar lo más práctico posible. Si tuviésemos que estar contando cuántes hay...Segundo, por más que quisiéramos hacerlo: hay casos en los que es imposible, sencillamente. ¿Qué tal un discurso político? ¿Cómo hace elle oradore para saber si hay más mujeres que varones o al revés? Y, más allá de las imposibilidades, dificultades, incordios. Realmente, un lenguaje no puede basarse en números. Es independiente de eso. Una generalización es una generalización, y debería poder hablarse de mujeres y de hombres en forma sencilla y concreta, sin exclusiones.
Ahora bien, volvemos al problema de partida: ¿Cómo lograrlo? Por supuesto que pueden utilizarse dos palabras, la femenina y la masculina, pero...es un incordio y hay veces en las que se necesita generalizar, y punto. Hay otros idiomas, como el inglés, que directamente no tienen géneros (aunque sí palabras destinadas específicamente a mujeres u hombres, por ejemplo, a un hombre se le aplica "handsome", mientras que a una mujer, normalmente se le aplica "pretty"), y otros, como el latín, que tienen un género neutro. Depende de cada lengua y de cada cultura cómo se fue resolviendo el problema de una necesidad de generalización y, precisamente el español, lo resolvió de la manera más "obvia": usando el masculino. Históricamente, en nuestra sociedad fue el hombre el que primó, el que reinó si se quiere. El que ocupó el lugar hegemónico: los cargos de interés, el papel fuerte y dominante, el jefe de la relación, el que protege, el que da la cara, el de las ideas y también el de los actos. La mujer era una cosa, era propiedad del hombre y el hombre respondía por sus actos. Las cosas cambiaron, ya no es así, pero de todas maneras sigue habiendo hasta expresiones cotidianas que resultan retrógradas y contraproducentes para el movimiento igualitario o feminista. Sin ir más lejos: "¿quién lleva los pantalones de la relación?" (el pantalón es una prenda que, a lo largo de la historia, se ha asociado al hombre).
Entonces, ¿comprenden ahora la necesidad de dar un giro con estas cosas? Si bien podemos tratar de no realizar comentarios o acciones machistas... ¿de qué tanto sirve si, cuando nos referimos a un grupo de compañeres, sólo se nos está "permitido" utilizar el masculino? ¿Las mujeres no pueden ser nuestras compañeras?
Bien, intentando responder a la pregunta disparadora, se han tomado diferentes medidas. La primera, la de usar dos palabras, la descartamos ya, por los incordios que vimos que produce y por la real necesidad de generalizar.
La segunda: "x" por las letras distintivas. En vez de amigos, amigxs, en vez de lindos, lindxs. Todxs. Compañerxs. ¿Cuál es el principal problema?: la pronunciación. ¿No resulta complicada e incómoda? Se supone que tendría que ser una palabra sencilla de pronunciar, tal y como lo son amigos, amigas, lindos, lindas y compañeros o compañeras. Descartado, entonces.
La tercera sería el @. Numerosas veces hemos escrito o visto a personas escribir "Les escribo a tod@s". Yo misma, normalmente, usaba el arroba para decir "encuadernador@s". Ahora bien...nuevamente, ¿cómo lo pronunciamos? Podemos optar por usarlo en femenino, masculino o ambos. Esto genera complicaciones. Además, el arroba es un símbolo, no una letra, y es incómodo tener que estar apretando mil teclas para poder escribirlo. Descartado.
¿Qué nos queda? Creo que quedó bien claro que el método que resta, y el que yo defiendo, es el de un nuevo género de palabras: el neutro. A lo largo de toda la nota, estuve escribiendo las palabras con e. Por ejemplo, sin ir más lejos, el principio: "Como muches saben (...)"... Me parece, sin dudas, la mejor solución posible. Resuelve el problema de la generalización creando un nuevo género en el lenguaje, que es inclusivo, sencillo, práctico e intuitivo. Es sólo seguir las conjugaciones normales y cambiar la "a" o la "o" por una "e". Es fácil de pronunciar, y de escribir.
En mi opinión, habría que empezar a utilizar más éste método. Lograr que se incluya al diccionario, obviamente reglamentado, porque de esta forma no se utilizarían expresiones extrañas que generasen controversia. Hay muchas personas que dicen: "eso es deformar el lenguaje" o "es demasiada complicación al pedo". Querides, no lo es. La inclusión siempre fue importante y la mujer es una figura relegada desde siempre por nuestra sociedad. Y en cuanto a la complicación...puede ser. Pero es necesario.

¿Qué piensan ustedes al respecto?
Déjenmelo en los comentarios.
¡Saludos!

lunes, 17 de octubre de 2016

Chau libros que no quiero

Encuadernador@s, quiero decirles que estoy pensando en algo muy importante...y me siento orgullosa de esto.
Muchas veces, cuando entra alguien nuevo/a a mi cuarto, lo primero que dice es: 'Cuántos libros que tenés...'.
Y es cierto. Tengo muchísimos libros, y me pasa que no sólo no puedo decir que leí todos, sino que tampoco todos me gustan. Y digo yo, tal y como antes me di cuenta de que no tenía caso tener los libros en tan perfecto estado como estaban cuando los compré, tampoco tiene sentido tener libros que no te gustan. Quiero que mi biblioteca sea mía, que demuestre quién soy, qué libros me gustaron y cuales no. Así como fui dándome cuenta de que no tengo que leer un libro si no me está gustando, tampoco quiero tener libros que no me 'definan'.
Así que tomé la decisión de que voy a regalar los libros que no quiera. Así, voy a hacer espacio en mi estantería para nuevos libros que sí me gusten, o tal vez no y se tengan que ir. Y puede ser que a otra persona sí que le guste alguno de los libros que a mí no.
Quiero decirle, también, no al consumismo, pero en eso voy a ir trabajando más de a poco.
En fin, quería comentarles esto.

¿Qué piensan al respecto?

Gracias por leer y saludos,